—El sistema ha marcado este matrimonio como un fraude potencial —continúa el juez, ignorándome—. En este país, el fraude matrimonial para evadir las leyes de inmigración es un delito federal. Si yo firmo esta anulación hoy, estaría validando lo que parece ser un negocio. Ella obtiene la residencia y, años después, cuando usted ya no la necesita o ella ya tiene lo que quiere, se separan de forma discreta. —¡Eso es absurdo! —estalla Alistair, dando un paso al frente. —Nos casamos por un error. En medio de tequila barato y la música fuerte. No nos conocíamos… bien —dice lo último como intentando reparar su casi metida de pata. El juez Miller arquea una ceja con una expresión de puro escepticismo. —Eso lo hace ver aún peor, señor Sterling. Si no se conocían bien, ¿por qué se casaron? La ley

