Lo hecho, hecho está. El éxito de hoy tiene un regusto agridulce, como el caramelo que se ha dejado demasiado tiempo al fuego. Sin embargo, no me arrebata la satisfacción de que todo ha salido bien. Lo que pueda venir después, como la furia de Audrey o las sombras de mi madre intenta proyectar sobre mí, lo voy a afrontar cuando llegue el momento. Finalmente, encuentro los baños. El espacio es amplio, pulcro y, afortunadamente, vacío. Entro y me permito respirar hondo, soltando toda la tensión acumulada. Me acerco al lavabo y meto las manos bajo el chorro de agua fría. Cierro los ojos un momento, sintiendo cómo la temperatura del agua calma el ardor de mis nudillos, que aún siguen algo resentidos del puñetazo a Silas, y el temblor de mis nervios. Suspiro, relajando los músculos de los homb

