—Tiene que ser una jodida broma —susurró, sin apartar la vista de la chica. Tory le da la señal. La chica asiente, cierra los ojos un instante y, cuando los abre, se transforma. Su presentación es impecable. El monólogo de Amy cobra vida. En este mundo hay dos tipos de actores: los que aprenden el método, analizan el personaje hasta el hueso y logran no parecer sobreactuados, y los que tienen el talento de manera natural, un regalo que la vida les da y que pueden explotar hasta hacer que las emociones traspasen a quienes los ven. Ella es de los segundos. Su voz, sus gestos sutiles, la forma en que sus ojos azules se llenan de una oscuridad controlada... Cuando el monólogo termina, no veo a la chica gótica con el pelo teñido. Veo a Amy. Veo la rabia, la impotencia, la manipulación fría y

