Él asiente, dando un paso al frente. —Bien. Es un pedido válido. Salimos a las siete. Por favor, prepárate. —Lo haré. Pero que quede claro. Si tu madre es amable, yo lo seré. Pero si es como Audrey, no tendré tolerancia y tendrás que sacarme de allí antes de que mi maldito genio italiano florezca. Alistair hace una mueca, una mezcla de preocupación y resignación. No le doy tiempo a réplica. Subo las escaleras impulsada por una mezcla de nervios y testarudez. Llegué a la habitación que ya siento como mi territorio. Empiezo a revisar mi guardarropa, buscando algo que diga: no soy una cazafortunas, pero tampoco soy alguien a quien puedas pisar. —Sé que tengo un vestido por aquí... —Susurro. Después de unos segundos, finalmente, lo encuentro. Es el vestido que había usado para el anivers

