La tensión, esa electricidad estática que siempre parecía flotar entre nosotros como una tormenta a punto de estallar, se vuelve insoportable. Siento el calor que emana de su cuerpo y pensamientos que no debería tener invaden mi cabeza. Enojada conmigo misma, cierro el grifo y, antes de que pueda secarme las manos, el mundo gira. No hay palabras, ni advertencias. Sus manos me rodean la cintura y me giran con una urgencia que me deja sin aliento. Sus labios chocan contra los míos en un beso que sabe a hambre acumulada y a verdades prohibidas. Es un choque de dientes, lengua y una pasión tan cruda que me hace olvidar quién soy y qué hace él en mi vida. Mis manos, aún húmedas, suben por su pecho hasta aferrarse con fuerza a las solapas de su americana negra. Siento el frío de la encimera de

