Lynette me mira con una curiosidad mal disimulada, alisándose el vestido de día que lleva por puro nerviosismo. Brandon, por su parte, se remueve el cuello de la camisa y suelta una pequeña broma para aligerar la tensión. —Con tal de que no haya sido para despedirnos, todo bien, jefe —comenta con una sonrisa ladeada. Me río levemente y niego con la cabeza, viendo cómo sus hombros se relajan al unísono. —No, no es nada de eso. De hecho, les llamé porque necesito de su colaboración absoluta —tomo aire, entrelazando mis dedos sobre el escritorio—. Sé que no entendieron del todo mis razones para traer a Stella a esta casa de forma tan abrupta. Han escuchado la versión oficial de que es una prima que viene de Italia, aunque Brandon sabe perfectamente que eso no es así porque la lleva y recog

