Ella asiente, satisfecha. Antes de marcharse, se vuelve una última vez hacia Casper y Silas, recorriéndolos con una mirada severa, pero la suaviza cuando pasan un par de personas. —Espero que tengan sus mejores galas listas —dice con una voz que destila miel y arsénico—. Quiero que se vean impecables cuando estén en el altar con Alistair, justo al lado de él, para que tengan la mejor vista de cómo me convierto en su esposa. Casper, que nunca sabe cuándo cerrar la boca, mueve el dedo en el aire como si estuviera marcando un punto a su favor. —No puedo esperar para que eso ocurra, Audrey. Será el evento del siglo —dice, aunque sé que por dentro está calculando cuánto le costará limpiar el desastre si el divorcio de Las Vegas sale a la luz antes de la boda. Audrey los mira con un desdén a

