La atracción que sentía por mi prometida, esa mezcla de admiración estética y confort social, palidece y se vuelve rancia comparada con la forma en que Stella me hace sentir. Stella no me admira; me desafía. No me ofrece confort; me ofrece una guerra de la que no quiero salir victorioso, sino rendido. La forma en que su cuerpo se arquea bajo el mío, esa mezcla de resistencia y entrega absoluta, me ha devuelto una vitalidad que no sabía que había perdido en las cenas de gala y los contratos millonarios. Por eso decidí ser honesto, le solté esa bomba antes de salir. Sabía que ella me rechazaría, que su orgullo y su lógica la obligarían a echarme, pero necesito que la verdad flote en el aire entre nosotros. Esto está lejos de terminar. Para Stella quizá fue un punto final; para mí, es el ini

