Alistair me guía hacia el interior de la casa de estilo Hamptons. Al cruzar el umbral, la sofisticación del exterior da paso a una calidez que no esperaba. Es una casa elegante, sí, pero se siente vivida, no como el museo minimalista y frío donde Alistair se esconde del mundo. —Estamos aquí —dice una voz masculina, profunda y seria. Mi cuerpo se tensa al instante. Alistair me pone una mano en la base de la espalda, un gesto que pretende ser tranquilizador, pero que me quema a través de la tela del vestido mientras nos encaminamos hacia un salón de concepto abierto. Al fondo, la cocina brilla con luz cálida y una mesa de comedor de madera maciza está puesta con una elegancia sencilla, casi rústica. Entonces los veo. Una mujer menuda, de cabello rubio corto y ojos de un azul tan eléctric

