Son las siete de la mañana y el aire de Los Ángeles tiene esa frescura húmeda que precede al calor agobiante del día. Yo estaba de pie frente a mi café, con una maleta vieja que ha visto mejores tiempos y un bolso colgado del hombro que pesa como si llevara piedras dentro. No dormí nada. Me pasé la noche organizando turnos con Drew y Spencer, explicándoles con mentiras a medias que habrá días en los que quizás deban abrir sin mí o estaré medio turno; todo depende de cómo se mueva todo. Sé que tenían muchas preguntas, pero no las hicieron y eso es un alivio. El Lexus n***o aparece puntual. Brandon, el conductor, baja y toma mi maleta con una cortesía profesional que me hace sentir aún más fuera de lugar. —Buenos días, señorita Valenti. El señor Sterling la espera en la propiedad. —Bueno

