—No —dice Casper de inmediato, levantando las manos—. Amamos a mamá Ivy, pero no. No nos veo vendiendo cupcakes. —Así es, ¿cómo quieres que vendamos, con delantal y sin camisas? —secunda Silas—. Definitivamente no. —¿Mamá Ivy? —repito con una sonrisa interna. Están en la bolsa y ni siquiera lo saben. —Primero no vamos a vender cupcakes. Este año soy su arma secreta y créeme que lo cupcakes, aunque son deliciosos, no tienen competencia ante mí —ellos me observan con sorpresa y yo sigo. —Además. ¿Por qué no le harían ese favor? Alistair va a asistir. Miro a Alistair con una ceja arqueada, desafiándolo en silencio. Él se endereza en su silla, mirándome con una sorpresa genuina que me resulta adorable. —¿Voy? —inquiere. —Por supuesto que sí —aseveró con una seguridad aplastante—. Tienes q

