—Es instinto de supervivencia. Aún me quedan muchos días bajo este techo y, créeme, lo último que deseo es que Audrey sospeche algo y descubra que en realidad no soy tu prima. No me conviene a mí, y mucho menos a ti. —Pero no estamos haciendo nada —responde y noto un leve tono de diversión oscura en su voz. Está cerca, demasiado cerca. Me enderezo, tratando de ganar altura. —Y no va a pasar algo. —No estoy ofreciéndote algo —replica él, dando un paso más, invadiendo mi espacio vital con una arrogancia que me hace hervir la sangre. —¡Qué bueno saberlo! —espeto con mofa. Pero mientras hablamos, él sigue avanzando rítmicamente, obligándome a retroceder hasta que mi espalda choca contra la barandilla de piedra de la terraza. Su aliento a whisky me golpea el rostro, confirmando lo que sos

