—Desperté y ya no estabas en la cama —añade, acercándose a la isla de la cocina. Sus palabras envían una corriente a través de mi cuerpo. El cuchillo resbala de mis dedos y cae sobre la tabla con un golpe seco que resuena como un disparo en el silencio de la cocina. Me obligo a encararlo, apoyando las manos en el borde del granito para no tambalearme. —Sí, bueno... sobre eso, Alistair. Lo de anoche... —Hago una pausa, tragando el nudo de mi garganta—. Fue una excelente forma de liberar tensión, no lo puedo negar. Un desfogue necesario, supongo. Pero algo que no debió suceder y ambos sabemos muy bien porqué. Alistair se queda inmóvil. Es claro que no esperaba esta respuesta. No sé si esperaba que me arrojara a sus brazos o pensaba que tendría que dejarme las cosas claras. Pero sus ojos a

