—Mi padre. Él debe estar en el mismo lugar que la última vez —digo, y mi voz suena pequeña, lejana—. Y mi madre... la última vez que la vi fue en el funeral de mi nonna. Su madre. —Hago una pausa, mirando un punto ciego por encima de su hombro, sintiendo el vacío en el estómago que siempre trae ese recuerdo. —Estaba demasiado ocupada divorciándose de su tercer marido como para darse cuenta de que su hija también había perdido lo más preciado de su vida —confieso. Veo los ojos de Alistair abrirse con una sorpresa genuina. Por un momento, el hombre arrogante desaparece y solo queda el hombre. Siento cómo mi cuerpo, poco a poco, empieza a ceder ante el cansancio. El relajante muscular está haciendo su magia, pesándome en los párpados y en la voluntad. —Supongo que no todos tenemos el mismo

