Por último, me pongo unos aros dorados medianos que aparecen y desaparecen entre las ondas de mi cabello, el cual ahora luce brillante y perfectamente peinado. Con el corazón latiéndome con fuerza, pido un Uber hacia la dirección que Julien me ha enviado. No es un lugar en las colinas, ni uno de esos clubes privados de West Hollywood. Es una dirección en el centro. Terminé el look con un toque de mi perfume favorito, «uno con notas de ámbar y jazmín». Y me aseguro de que mis labios estén pintados de un rojo sutil pero definido. Dejo mi bolso de trabajo y tomo uno estilo crossbody de mi armario, el tamaño justo para meter mi billetera, las llaves de La Dolce Vita y mi teléfono. En cuanto llega la notificación de que mi transporte espera afuera, salgo del departamento, cerrando con doble ll

