—Te detesto —susurró en respuesta. —Detesto que me lleves por una montaña rusa y que en un momento seas un completo idiota y luego hagas cosas como estas. siento que quieres volverme loca, pero con todo y eso prometo pagarte, no sé cómo, pero lo voy a hacer. Una sonrisa suave aparece en sus labios. Entonces da un paso hacia atrás y saca su teléfono del bolsillo de su traje gris, empezando a dictar órdenes a su abogado antes de que yo pueda articular otra palabra. Me quedo allí, viendo cómo el hombre que me vuelve loca de deseo y de rabia empieza a organizar todo en tiempo récord, mientras trato de procesar el desastre, y me doy cuenta de una verdad amarga y es que mi independencia ha muerto bajo diez centímetros de agua sucia. Unos minutos después, con algo de renuencia, subo al auto de

