—Te escucho. —Anoche me encontré con mis dos mejores amigos en la fiesta —comienza, jugando con un posavasos de corcho sobre la barra—. Con ellos hice el viaje a Las Vegas hace cinco años. Siento un pinchazo de ansiedad. Ese viaje es el agujero n***o de nuestra existencia. —¿Y? —Ya sé por qué no recordamos nada de esa noche. O gran parte de ella —dice, y el tono de su voz hace que se me erice el vello de la nuca—. Uno de ellos, Silas, confesó anoche que nos había dado roofies en vez de éxtasis. Se pasó con la dosis, Stella. Fue una amnesia química provocada. Y por la forma en que terminamos tú y yo... creemos que tú también los consumiste sin saberlo. El pitido agudo de la tetera me hace dar un salto violento. La apago con un movimiento brusco, mis manos temblando de una forma que ya

