—Solo quería agradecerte por lo que vas a hacer por mi madre —dice, y su voz tiene una calidez que me desarma—. Sé que es una locura, y sé que ella puede ser... agotadora. —Tomo asiento de nuevo en la cama, dejando caer mis manos sobre mis muslos. —Ella puede ser muy persuasiva —sonrío, y esta vez la sonrisa es un poco más auténtica—. De hecho, por unos momentos me intimidó su ferocidad. Es una mujer que sabe lo que quiere y va por ello sin pedir permiso. —Niego con diversión, imaginando a Ivy planeando la caída de los Cavendish como si fuera la caída de un imperio. —Supongo que eso lo has heredado tú —añado, mirándolo directamente—. De no ser así, no estarías donde estás. Tienes esa misma chispa de no acepto un no por respuesta. Alistair no se ríe. En cambio, su expresión se vuelve más

