Linda.
Me quedo helada en mi lugar, sus palabras siendo repetidas en mi cabeza como un disco rayado, no se que responder, que decirle, ni siquiera se como respirar.
Simplemente…me quedo parada, absorbida por todo el enfado en esos orbes, los cuales hubo un tiempo en que me miraban con amor, devoción, ahora ya no queda nada de las tiernas emociones de antaño.
—¿No dices nada?. — Repasa mi cuerpo con la mirada, deteniéndose en mi mano. — Al parecer ese otro por el que me dejaste, no fue capaz de darte un maldito anillo.
Bufa, y esa maldad, toda esa rabia es la que me hace reaccionar por fin. Este hombre ya no es mi Collin, no queda nada de él, y se que todo lo que tenga para decirme es valido, le rompi el corazon, cree que lo traicione y nunca…nunca volverá a ser el mismo conmigo. La sola perspectiva de eso me duele, ahonda el agujero sangrante que se ha vuelto mi corazón, pero no me queda de otra que seguir adelante.
—Tu prometida está a unos pocos pasos de nosotros, será mejor que me sueltes.
Me las arreglo para que mi voz suena fría, para alzar la maldita cabeza y mirarlo, absorberlo entero, sigue siendo tan hermoso que duele la sola perspectiva de tenerlo enfrente.
—Solo quiero que me respondas una cosa, una maldita cosa Linda.
Puedo darle eso, se merece una respuesta a lo que sea que quiera preguntarme, pero realmente ¿puedo?…No. Se que si Nora entra y nos ve todo por lo que he luchado en estos años se irá al demonio, los sacrificios que hice no valdrán nada. Esa maldita bruja tiene el poder para volver a destrozar mi vida y no puedo permitirlo, mis hijos dependen de mí.
Así que me armo de un valor que no tengo, saco fuerzas de donde no las hay y tiró de mi brazo hasta safarme de su agarre, lo miro como la perra traicionera que cree que soy, intentando no encojerme ante el ramalazo de dolor que le cruza la mirada.
—No te debo nada, Collin. — Aferro las correas de mi bolso con fuerza. — Vas a casarte, yo tengo mi vida, aléjate de mí.
Salgo por la puerta sin mirar atrás, no me atrevo a hacerlo hasta que me monto al coche y salgo pitando, porque se que si lo hago, toda mi maldita mentira se me caerá encima, y no puedo darme el lujo de derrumbarme.
***
Llego a mi casa con los peques riendo y cantando, haciendo que el peso de mis hombros se vuelva más ligero, aunque todavía queda un espina en mi interior, su papá está aquí y no conoce de su existencia, jamás los abrazara, les contara un cuento antes de dormir, o ayudará a Ronnie cuando la pubertad lo vuelva un adolescente hormonal con desamor, nunca tendrá celos ante el primer novio de Rebecca, porque simplemente tendra su familia y nunca conocerá la nuestra.
No había pensado en esa realidad hasta hoy, se que su llegada al pueblo será un antes y un después en mi vida, en la forma que tengo de mirar las cosas y los anhelos de lo que no podrán ser.
—¿Qué tal tu día?.
Le doy una sonrisa a Tía Grace, esperando que los niños suban a su habitación para jugar.
—Tengo un trabajo de decoración en mis manos, uno que va a dejar muchas ganancias. – Tuerzo el gesto. — La boda de Collin.
Si fuera otro momento reiría ante la estupefacción en el rostro de mi tía, pero no en este, no tiene nada de gracioso.
—Oh, cariño. ¿Lo volviste a ver?.
Le cuento con pelos y señales lo sucedido, terminamos en el patio trasero fumando un cigarrillo, sentadas en la mesa, mientras escucho a los niños reír con Cassie.
—¿Puedo darte un consejo? – Asiento. — Uno que no te gustara.
Sus orbes me taladran con dulzura, ella siempre ha sido una buena mujer, demasiado buena para el mundo en que vivimos.
—Adelante.
—Díselo, cuéntale la verdad Linda. Ese chico te miraba como si fueras el centro del universo, como si fuera capaz de dar la vida por ti, estoy segura que aun te ama, por mas dolorido que este. – Toma mis manos en un apretón reconfortante. — Díselo, merecen ser felices, mis pequeños merecen estar con su padre.
Aprieto los ojos, intentando que sus tentadoras palabras no se filtren en mi alma, no me hagan cometer una locura.
—No puedo, sabes de primera mano el poder que tiene Nora. No arriesgare a mis hijos a una vida de carencia.
Frunce el ceño, y solo por un instante se queda mirando a la nada, perdida en sus propios recuerdos.
—Llegará un día, cuando ya estés vieja, que pensarás en tu vida y te arrepentirás de esto. Querras volver el tiempo atrás y no podrás, cargarás con ese peso para siempre, Linda. – Se levanta del asiento, dedicándome una pequeña sonrisa. — Quizás su regreso es el destino dándote una segunda oportunidad, hazle caso a esta vieja y no la desperdicies.
Diez minutos después de que se marcha yo continuo en el mismo sitio, pensando en sus palabras, y sii… ¿Tiene razón?. Quizás me estoy ahogando en un vaso de agua, quizás debería ir a su busca y contarle todo.
Una pequeña llama de esperanza se enciende en mi interior y me prometo que la próxima vez que lo vea le diré, le contaré la verdad, le daré la oportunidad de elegir y decidir.
Las consecuencias podremos arreglarlas juntos.