ASHER
Mila: ¿Dónde estás?
Asher: Te estoy esperando afuera, nena. Iré a buscarte.
Guardo mi teléfono en el bolsillo; mi corazón late tan rápido que siento que va a caer de bruces en la acera. Esta es la mejor cita improvisada que se me ocurrió después del “no” más grande y sonoro que recibido en mi vida. Todavía no me he recuperado del todo de esa pésima reunión con Conrad, pero no tengo tiempo para procesarlo. Necesito convertir a Mila en mi prometida. Inmediatamente.
Espero que mi arrogancia oculte el temblor de mis rodillas mientras camino de un lado a otro fuera del edificio en Park Ave. Le había enviado la dirección sin contexto, con apenas suficiente dinero en efectivo para cubrir lo que probablemente terminarán siendo las bebidas más caras de la ciudad. Pero este bar vale la pena, un lugar con el que me topé por accidente gracias al amigo de un compañero de la escuela de negocios no hace mucho tiempo. Y el dinero que no gaste en bebidas se lo daré al camarero de arriba como pago para capturar esta propuesta en fotos y video.
Ahora todo lo que tiene que hacer es decir que si y el resto de nuestras vidas podrá comenzar.
El Meridian Lounge es la mezcla perfecta de lujo y sensual melancolía. Parece la misma mezcla que Mila y yo también. Moderno. Elegante. Excitantemente glamoroso, pero a la vez accesible. Justo en el centro de Manhattan.
La veo salir del Uber en la esquina. Sus piernas tonificadas brillan, lo que significa que ha usado loción brillante para esta noche. Dios mío, me encanta cuando usa la loción brillante. Toda mi ansiedad se disuelve cuando me dirige sus ojos ahumados. Ninguna otra mujer en el mundo podría ser más hermosa, más perfecta, que mi Mila. Mi garganta se aprieta de emoción mientras camina hacia mí, con un abrigo n***o aterciopelado ceñido al cuerpo, y ese bolso de piel de cabra rosa demasiado caro para ser real colgando del hueco de su codo.
–¿Vas a quedarte mirándome todo el día? – bromea.
La atraigo hacia mis brazos, sintiendo un alivio inundándome. Es mi mujer. Ahora y para siempre. No estoy seguro de como he tenido la suerte de encontrarla, pero la vida me la ha traído. Mierda, voy a empezar a llorar antes incluso de proponerle matrimonio.
–¿Asher, estás bien? – se aparta para mirarme. Me aclaro la garganta. Preguntándome si puede ver el brillo de las lágrimas en mis ojos.
–Si. Totalmente bien, nena– le doy un suave beso en los labios, ahuecando su hermoso rostro entre mis manos. –No puedo esperar a mostrarte este lugar–
Tomo su mano, comprobando discretamente con la otra que la caja del anillo todavía este en mi bolsillo. La llevo al cavernoso vestíbulo del edificio, siguiendo los letreros dorados que dicen Meridian en los pilares entre la puerta y el ascensor. Otra pareja se une a nosotros en el viaje, pero apenas los notamos. Todo lo que puedo ver es a Mila. La sostengo pegada a mi todo el camino hasta el decimotercer piso. Las puertas se abren, revelando alfombras abstractas con estampado de cebra y una tenue iluminación ámbar. El salón está lleno de todos los niveles de gente genial, tanto hípsters como empresarios modernos, apoyados juntos en bancos de madera y sillones minimalistas con estructura de alambre.
Mila deja escapar un leve murmullo de aprobación mientras la guio a través de la atractiva contienda. –Este es un lugar encantador–
–Sabía que te encantaría– le doy un beso en la mejilla y abro la puerta de la terraza. Es una noche fría, pero el fuego de nuestro amor y compromiso nos mantendrá calientes. Además, las bebidas para celebrar eran al otro lado de esta propuesta. Estaremos calientitos enseguida.
–¿Tomamos algo? – pregunta Mila.
–En un minuto– la vista interrumpida del horizonte del centro de la ciudad capta nuestra atención. Incluso después de vivir aquí durante cinco años, todavía me deja sin aliento. No estoy seguro de si alguna vez me acostumbraré a ser un residente de Nueva York, después de estar atrapado en las colinas de Kentucky la mayor parte de mi vida. algunos días puedo ver Manhattan a través del barniz de mis aspiraciones infantiles, donde incluso los atascos de tráfico me entusiasman.
–Oh, Asher– su voz sale como un susurro reverente mientras nos acomodamos en un rincón rodeado de plantas con vistas a la ciudad. calefactores altos salpican la terraza lo que hace soportable la fría noche.
–Esto es hermoso–
No tan impresionante como la vista desde la oficina de su padre, aunque no quiero mencionar como lo se. El murmullo de otros clientes en la terraza se desvanece cuando mi ansiedad regresa. Es ahora o nunca. Se me seca la boca. Toco el contorno de la pequeña caja del anillo en mi bolsillo.
–No se compara con lo hermosa que eres– digo y la empujo.
Ella sonríe con suficiencia, captando mi tono demasiado cursi para ser real. –¿Intentas ligar conmigo con esa frase? –
–Solo si quisiera que fueras directamente a la puerta– miro hacia la barra, buscando al camarero al que le había dado cien dólares por adelantado. Capto su mirada y sacudo la cabeza. Me levanta el pulgar y se dirige hacia nosotros. Volviendo a mirar a Mila digo: –Se que no debo compararte con una metrópolis bulliciosa–
–Supongo que, para algunas personas, las comparaciones entre ciudades y humanos funcionan– reflexiona con la mirada recorriendo el brillante horizonte nocturno. –A algunas personas las excitan los puentes. A veces los objetos inanimados son excitantes, si te gustan–
Trago saliva con fuerza, gritándome a mí mismo que empiece el espectáculo. Mete la mano en el bolsillo. Simplemente hazlo, mierda. deja de hablar de esta mierda rara>>.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe. –¿Cómo me excita tu chaqueta de cuero? –
Paso mi brazo sobre sus hombros, acercándola. –Te gusta lo que hay debajo de la chaqueta de cuero–
Se gira hacia mí, mirándome a los ojos. Tengo toda su atención y estoy sudando a mares. Ahora. el momento es ahora. La agarro de los brazos.
–Mila–
Su sonrisa se desvanece un poco. –Asher–
Respiro temblorosamente. Su padre va a estar muy encabronado. Pero tengo que seguir adelante, al diablo con las consecuencias. Estamos hechos el uno para el otro, y ambos lo sabemos.
–¿Sabes por qué te traje aquí esta noche? –
–¿Por qué nos gusta tomar algo en lugares bonitos? –
–Si, eso– me río, besándola en la frente. –Pero también tengo una pregunta muy importante para ti–
Sus ojos se abren de par en par. –Oh, Dios mío. ¿hablas en serio? – se tapa la boca con las manos y deja escapar un chillido.
–Mila, no…–
–Asher, oh, Dios mío, oh, Dios mío, ¿me vas a preguntar? – se abanica la cara. Las lágrimas se acumulan en sus ojos. Por encima de su hombro, veo al camarero capturando sigilosamente el momento, todo lo que puedo hacer es reír. –Quiero decir, si, pero se supone que no debes retarme por eso–
Se seca una lágrima. –Oh, Dios mío, lo siento, lo estoy arruinando– se abanica la cara de nuevo. –Mierda. Oh, Dios mío, lo estoy arruinando–
–No lo estás arruinando– la beso en la frente de nuevo, tan divertido que puedo estallar. –Solo quería preguntarte si querías pasar la noche en mi casa–
Sus ojos se abren de nuevo, pero por una razón diferente. La risa sale de mi. Esto es todo. Todo es perfecto. Lentamente me arrodillo y su boca forma una gran O.
–Oh, Dios mío, me lo vas a preguntar– susurra con voz ronca.
Saco la caja del anillo de mi bolsillo y la aprieto en mi mano. Había planeado un millón de monólogos diferentes. Pero nada de eso importa. No necesito hacerlo perfecto con ella. Porque lo que hicimos es perfecto para nosotros. Mila Jade Cargill. He querido convertirte en mi esposa desde la semana después de conocernos. Supe desde el principio que eras la indicada para mí. La mujer que he esperado toda mi vida para conocer. Y pasare el resto de nuestras vidas demostrando que soy digno de estar a tu lado–
Solloza suavemente, con una mano apretada sobre su boca.
–Mila Jade– digo abriendo la caja del anillo. –Mi vaquera. Mi dulce florecita. ¿te casarías conmigo? –
Parpadeo para poder contener algunas lágrimas y se desploma encima de mí, con los brazos apretándose alrededor de mi cuello. Llora en mi cuello, repitiendo. –Si– una y otra vez. El anillo no importa. Se trata del amor entre nosotros. Es un pequeño detalle, pero simplemente reafirma lo que sé que es verdad.
–Te quiero mucho, cariño– las lágrimas se acumulan en mis ojos y se derraman. Desde el otro lado de la terraza, el camarero me levanta el pulgar y se lo devuelvo. Los aplausos estallan a nuestro alrededor, y las lágrimas de Mila se convierten en risas.
–Olvidé que había otras personas aquí– susurra.
–Les encanta que hayas aceptado casarte conmigo–
Sus labios encuentran los míos, dos sonrisas se encuentran. Nuestros besos manchados de sal se hacen más profundos y apasionados. Piso el freno cuando comienzo a ponerme duro aquí mismo, en la terraza, con público.
–¿No quieres ver el anillo, cariño? – murmuro en su oído. Se ríe de nuevo y ambos nos ponemos de pie. Mira dentro de la caja del anillo y se tapa la boca con una mano.
Es tan precioso, Asher. Es exactamente lo que siempre he soñado. ¿Cómo eres tan perfecto? – está lloriqueando mientras le deslizo el anillo en el dedo. Una vez que está en su lugar, me abraza de nuevo. –¿Cómo lo obtuviste? –
–Shhh. No necesitamos hablar de eso ahora mismo– le acaricio el pelo y empezamos a balancearnos de un lado a otro. Como si fuera una señal, una canción electrónica romántica con toques de jazz suena en el bar. Otra señal más de que esto está bien. Todo estará bien. No importa lo que Conrad diga o piensa. No puede entrometerse en el amor que nos tenemos.
Mila me aprieta tan fuerte alrededor de mi cintura que toso. Me mira con los ojos brillantes.
–Seré la señora Hamilton–
–Dios, eso suena sexy–
–Cambiaré mi pasaporte para poder mostrar mi nuevo nombre–
–¿Intentas escribir tus votos ahora mismo? porque eso es lo que parece–
El camarero se acercó a mí y le doy las gracias, deslizándole otro billete de cien dólares. Al menos más barato en un fotógrafo, y le ofrezco un descuento en servicios de gestión financiera si alguna vez los necesita. Como mi teléfono comienza a vibrar con las fotos que me envía, así que llevo los nudillos de Mila a mis labios.
–Celebramos con una copa. Yo invito. Quédate aquí y disfruta de la vista, futura señora Hamilton– le doy un beso en la frente y cruzo la terraza, mirando hacia atrás cada pocos segundos para mirarla a los ojos y sonreír como un idiota. Dentro del bar, el volumen ha subido: más gente, más charla, más notas frenéticas de jazz electrónico. Me dirijo al camarero con una sonrisa de oreja a oreja, pidiendo dos de los favoritos de Mila: gin tonic.
Cuando el camarero me dice el total, le deslizo mi tarjeta de débito. La pasa y hace un mueca. –Dice rechazada. ¿tiene otra forma de pago? –
El pánico me invade. A cabo de darle la mayor parte de mi dinero al camarero y estas bebidas rondan los cincuenta dólares. –Si. Espera– busco a tientas mi billetera y saco una tarjeta de crédito que tengo a la mano. Excepto que está casi al máximo. Elevo mil oraciones mientras el camarero la pasa. Por favor, no me hagas esto hoy.
No cuando somos tan felicites. Miro la pantalla de su consola sin comprender y luego devuelve la tarjeta mientras imprime un recibo. Dejo escapar un suspiro de alivio.
Añado una propina, aunque no estoy seguro si la cantidad extra entrará, y firmo con una floritura. Uno de mis hermanos tuvo que haber usado nuestra tarjeta de crédito compartida accidentalmente, pero no voy a investigar ahora. Regreso a la terraza con nuestras bebidas y encontrarme a Mila frunciendo el ceño en la esquina junto al calefactor, mirando su teléfono.
–Salud, cariño–
Me mira, y esa bonita sonrisa regresa. Chocamos nuestras copas mientras me acomodo en el asiento junto a ella. Después de un sorbo, tararea. –Esto da en el punto exacto–
–Me lo imagino. Y te daré en el otro punto más tarde–
Suelta una risa, y su mano se posa en mi pecho. –Esa es la frase para ligar que me funciona– me acaricia el cuello. –Te quiero mucho, Asher–
–Te quiero más–
–Entonces, ¿Cuándo deberíamos celebrar la boda? – se acurruca aún más conmigo y le levanto sus piernas para que descansen sobre mi regazo.
Arrastrando mi mano de un lado a otro por la brillante suavidad, digo: –Quiero la fecha que quieras–
–Esta planificación de la boda ha tenido un gran comienzo. Me da todo el control– se ríe con malicia y luego vuelve a beber. –Siempre he querido una de esas fechas redundantes. Como el 22/2. O el 4/4–
–Podemos grabarlo en una tabla de cortar y colgarlo en la cocina–
–¿Dónde debería ser nuestra primera casa? –
–Donde quieras, cariño– sonrió de nuevo, capturando un dulce beso. Dios, se siente bien decir eso. Pero la ansiedad me tira. Tengo una tarjeta de crédito al máximo para ofrecerle cuando comencemos nuestra vida juntos. Ya estás jodiendo esto>>. Doy otro trago fuerte a mi bebida, necesitando el calor que calmara mi cerebro de mono, ¿Y si tu negocio no despega como crees?>> Otro trago fuerte. Tal vez Conrad tiene razón>>.
–Dios mio, bébetelo todo de un trago– bromea.
–Estas bebidas caras saben mejor– grazno, removiendo lo poco que queda en mi vaso. –En fin, estaba pensando que podríamos tener un apartamento en la ciudad. Luego, probablemente, una casa de campo en Kentucky, cerca de mis padres. Luego en un piso en Los Ángeles, para cuando empecemos a conquistar la Costa Oeste–
Se ríe, acurrucándose contra mí. –¿Puedo decorar todas las casas? –
–Por supuesto, cariño– Excepto ¿Cuándo podremos permitirnos todas estas casas? ¿Cuándo ambos tengamos 70 años?
–Lo que la señora Hamilton quiera, lo conseguirá–
Se muerde el labio inferior, mirándome con la mirada más sexy que jamás ha visto. –No bromeo, Asher, si lo dices una vez más, podría correrme ahora mismo–
Uf. como si hubiera otro desafío que quiera aceptar más que este. Me humedezco el labio inferior y observo la terraza. No hay mucha gente aquí afuera, debido al frío, pero con lo cerca que estamos de la calefacción y lo felices que estamos por el nuevo compromiso, podremos estar aquí afuera desnudos. Me quito el abrigo de cuero y le cubro las piernas. Mi mano encuentra el calor debajo de su vestido. Baja la barbilla, con una sonrisa sexy jugando en sus labios.
–¿Qué fue eso? señora Hamilton? – Sus fosas nasales se dilatan cuando mis dedos encuentran la entrepierna empapada de sus bragas. Así que la propuesta la había excitado. Nuestras frentes se cruzan cuando empujo las yemas de mis dedos para encontrar el calor hinchado. Es terciopelo jugoso, aplastado y eléctrico. Con un dedo dentro de ella, le doy un beso de lengua profundo y húmedo. Sus muslos se ponen rígidos bajo mi abrigo de cuero.
–Lo haces demasiado fácil– le susurro con vehemencia al oído. –Cuando estas excitada así. Empapada. Y todo porque estas a punto de ser mi esposa–
–Es tu culpa– dice entrecortadamente. Rodeo con mis dedos el duro nudo de su clítoris y ella se sacude en mis brazos. –Eres el único hombre que hace que el matrimonio parezca una buena idea–
La convenzo de otro beso apasionado mientras introduzco un segundo dedo en ella, luego un tercero. Le encanta estar llena de mí, donde y como sea posible. Y la noche de nuestro compromiso requiere algo para recordar.
Paso mi pulgar de un lado a otro sobre el necesitado nudo mientras bombeo mis dedos dentro de ella con fuerza. Ella gime suavemente, apretando su agarre alrededor de mi cuello.
–Estoy listo para follarte con los dedos en público por el resto de nuestra vidas–
Una sonrisa perezosa se dibuja en su rostro, y se arquea ligeramente contra mi justo cuando un camarero se acerca a nuestra mesa.
–¿Algo más que necesiten ahora mismo? –
Hundo mis dedos en el calor aterciopelado de su coño y le dedico una gran sonrisa a la camarera. –Creo que estamos bien. ¿verdad, Mila? –
Mila se aclara la garganta y luego deja escapar un chillido, con los muslos rígidos bajo el abrigo. Esta tan cerca de correrse. Aprieto su clítoris entre el pulgar y el índice, sus jugos gotean por mi mano. El camarero se aleja, sin darse cuenta, y capturo los labios de Mila en un beso.
–Córrete para mí, señora Hamilton–
Sus muslos se endurecen como rocas alrededor de mi mano. El gemido es la única señal externa de que ha cruzado la cornisa, pero debajo de mi chaqueta de cuerpo puedo sentir la forma en que su coño palpita alrededor de mis dedos, atrayéndolos más profundamente hacia ella. Solo yo puedo sentir como su respiración se ha vuelto suave y apresurada.
Todo mi cuerpo pica con la necesidad de hundir mi polla en ella, de darle cada centímetro de mi pasión. Pero no aquí. Nunca engañaríamos a un camarero si me permitiera follármela como es debido.
Mordisqueo el lóbulo de su oreja mientras su orgasmo se calma, haciendo círculos perezosos alrededor de su clítoris palpitante.
–Eso fue solo la fiesta previa– le susurro al oído. –La celebración como es debido está por venir–
–Ojalá no tuviera que volar de vuelta el domingo por la mañana–
–iré pronto– le digo mientras el mensaje de rechazo de mi tarjeta de débito parpadea tras mis parpados.
–Haré que funcione– Aunque no tengo ni idea de cómo hacerlo funcionar. Nuestro futuro depende de ello.
Se mueve contra mí, abriendo la boca para decir algo. Pero en lugar de las palabras, jadea. Retiro mi mano de debajo de su vestido por instinto. Sus pies caen al suelo, con la mirada en la entrada del bar.
–Dios, es Vince– se aferra a la chaqueta de cuero sobre su regazo, como si mis dedos todavía estuvieran enterrados hasta los nudillos. Su cuello se sonroja y toma su bebida.
–¿Por qué demonios está aquí? – murmuro por encima del borde de su vaso.
El chofer de su padre es mitad chofer, mitad guardaespaldas. El hombre es uno de esos mafiosos a sueldo, lo tipos de Brooklyn que no se andan con rodeos y que no dudarían en romperte la muñeca y luego amenazar con demandarte por la inconveniencia de tener que romperte la muñeca.
Es el tipo de hombre que quiero de mi lado…y el tipo de hombre con el que temo tener que lidiar cuando está del lado de Conrad.
–Podemos irnos– ofrezco. –La cuenta está cerrada–
–Como si pudiéramos escapar ahora– su garganta se contrae y maldice en voz baja. –Nos acaba de ver–
Vince frunce el ceño mientras se dirige hacia nosotros. Estamos en problemas, aunque no sé por qué. A menos que Conrad pueda sentir que le he pedido a su hija que se case conmigo.
–¿Qué haces aquí? – sisea Mila cuando Vince está a mi alcance.
–Recoge tus cosas. El coche esta abajo– chasquea los dedos y señala con el pulgar en dirección a la puerta. –Pronto, señorita–
–Estoy ocupada– dice Mila con los dientes apretados.
–No importa. Hay una emergencia. Vámonos– Vince cruza las muñecas y espera, sin dejar lugar a dudas.
–Yo la llevaré– digo.
Vince se irgue con una sonrisa. –Que gracioso. ¿Estás lista, Mila? –
–Mi padre no es capaz de hablarme el mismo– Endereza la espalda. –No entiendo que puede ser tan importante–
–Te lo explicará cuando llegues al hospital–
Los ojos de Mila se abren de par en par y se gira hacia mí. En voz baja, dice: –Debería irme, ¿verdad? –
Muevo la mandíbula de un lado a otro. Todo el asunto es un poco jodido, pero no quiero estar en el lado equivocado de una emergencia. A pesar de lo que siento por el hombre, es su padre.
–Si. Nos vemos después, ¿de acuerdo? –
Ella asiente y tomo su bolso, dándome un beso rápido en los labios. Su cuerpo tonificado se estira mientras se pone de pie, el brillo de sus pantorrillas atrae mi atención una vez más. La alcanzo mientras se aleja, mis dedos rozando el dobladillo n***o de su vestido.
Aunque tiene que irse, todavía hay motivos para celebrar. El anillo de compromiso brilla en su mano izquierda mientras camina hacia la puerta.
Se vaya o no. Mila es mía.