Fernando Hallar una caverna que nacía de las malformaciones rocosas elevadas no fue sencillo. Al ser un bosque espeso y bien forestado, temía por lo que me pudiera encontrar en sus adentros. Mi compañera todavía estaba inconsciente, por lo que no solo tenía que velar por mi seguridad, también por la suya. Me refugié en aquel escondite útil parecido a una gruta enorme. Aquella oscuridad me serviría para perder de vista a quienes me buscaban y para tener un minuto de tranquilidad, buscando la reacción en Nerea. Tras varios intentos algo bruscos, finalmente despertó. Para mi alivio y tranquilidad logró abrir los ojos, recobrando el sentido en un tiempo admirable. Se apartó de mí con urgencia, como si apenas me viera por primera vez. –¿En dónde estamos? ¿Qué pasó? Le di la espalda para

