Un estremecimiento cortó el hilo de mis pensamientos, Martin estaba a mis espaldas contemplándome enmudecido, atreviéndose a rozar con su dedo el final de mi espalda, también surcaba los senderos de mis caderas, las elevaciones de mis pechos, las planicies de mi vientre y cada recodo de piel que encontrara, mientras en la tv, la rubia en igual posición gemía descontrolada… Eres hermosa dijo casi sin aliento y yo me sentí feliz, de ser la dueña de sus ojos y la causante de que su toalla se levantara. Con las yemas de los dedos, pellizcó mis labios mayores, juntándolos y besándolos lentamente. Abrió paso separando mis labios y permitiendo que su lengua acaricie mi sexo. Formaba círculos lentamente con su nariz, como si quisiera penetrarme con ella, luego hizo lo mismo con sus labios y su b

