Sin perder más el tiempo me montó, su pierna derecha pasaba al lado de mi cara y la izquierda por mi cintura, sus manos sujetaban mi cadera, tome un poco de saliva y me la unté en la entrada de mi ano y dejando caer su cuerpo sobre el mío me perforaba con su m*****o, empezaba esa sensación que tanto me volvía loca, tomaba con mis manos los tobillos de mi macho, me estaba cabalgando no violentamente pero si muy firme y rítmico, me sentía como me gustaba, aprisionada y totalmente dominada por un hombre que de alguna manera se había hecho de mi cuerpo para gozarlo solo por un momento, me daba mucho morbo que yo era su puta y el aunque lo sospechó no lo sabía. El golpeteo era como un ¡pas, pas!, y en cada uno de ellos sin querer salía un gemido ahogado de mi garganta por el sangoloteo que esta

