Colgué el teléfono, me acerqué al telefonillo para abrirle a Bea la puerta del portal y luego me despedí de Pedro, que me había seguido hasta la puerta, con un buen morreo. - Haz que se ponga cachonda, deja que te meta mano si quiere pero no te vayas a su casa, a las 10 y media como muy tarde te veo en el pub. - Si señor - nos volvimos a besar y salí de casa. Al montar en el ascensor las piernas me temblaban de los nervios, no estaba segura de lo que pasaría esa noche, pero si sabía que me lo harían pasar muy bien. Cuando la puerta del ascensor se abrió allí estaba Bea esperándome. Me agarró del brazo y me llevó a un descansillo junto al ascensor. - Ven aquí, estaremos más ocultas - yo la seguí sin rechistar. Luego me empujo ligeramente haciendo que me apoyara con las manos en la pared

