Sofía, su novia, era mucho más reservada y pequeña, aunque algo rellenita, pero no mucho. Nunca llegué a saber mucho de ella, pese a vivir juntas, nunca llegamos a estrechar nuestra relación. Era una chica muy guapa de cara, pequeñita, y que el aparato de dientes daba un aspecto inocente. Nunca me la habría imaginado follando, y aquello llamó mi curiosidad. Dejé de lado la idea del café y me dirigí lo más silenciosamente posible a la habitación de donde provenían los gemidos. Por desgracia la puerta estaba cerrada, así que me tuve que conformar con acerca el oído para intentar descifrar que estaba pasando. Podía escuchar los gemidos de placer de Sofía sin problemas, pero no escuchaba nada que delatase a otra persona. ¿Se estaría masturbando? Rápidamente me acerqué al salón para ver que n

