Por fin llegamos al lugar, era una finca y todas las cabañas eran rústicas, había una cascada, una laguna, pero lo sorprendente es que dentro de la cabaña, todo era muy moderno, Andrés se quitó su saco, me vio a los ojos y me besó, yo me sentía como una adolescente enamorada, me colgué de su cuello y disfruté de ese beso inolvidable, era el preámbulo de un sexo maravilloso, él empezó a tocarme, sin hacerlo en mis partes más íntimas, yo me moría porque lo hiciera, así que yo misma le agarré una de sus manos y la llevé a mi seno izquierdo, eso como que le dio más confianza porque inmediatamente me sobijeo las nalgas, yo me pegué a su cuerpo y pude sentir su eminente erección, me restregué en su m*****o y Andrés puso su mano en mi rajita y ahí perdí todo el pudor que tenía, le agarré la v***a

