Mauro, me miraba mucho más que en presencia de mi marido, incluso acaricio mi mejilla mientras acomodaba un rizo suelto de mi cabello tras la oreja, luego inexplicablemente se retiró el guante de látex, colocó sus manos en mis muslos, y empujando hacia afuera me instó a abrirme más, de modo que mi sexo quedó totalmente expuesto a su mirada, creo que en ese momento pudo confirmar lo que a toda costa yo quería ocultar: mi inoportuna lubricación. Noté su gesto de desconcierto y pese a que intentó controlarse, sentí un suave temblor de sus dedos rozando mis ingles, luego ubicó su palma sobre mi vientre, casi encima de mi pubis y con la otra mano continuó manipulando el transductor con la vista perdida, esta vez en mi coño. A momentos aceleraba el ritmo haciendo que el instrumento llegara a la

