Diego era un adolescente común físicamente. Puede que fuera un poco más alto de lo normal para tener unos 18 años, pero su cara aún no era la de un hombre, a pesar de que su comportamiento se esforzaba por emularlo. Llevaba el pelo corto, casi rapado, su aterciopelado pelo rubio resplandecía con la luz que se colaba por la ventana. También había comenzado a nacerle el bello facial, sus patillas habían comenzado a poblarse al igual que sus pómulos, por pelillos casuales que indicaban el inicio de la pubertad. Tenía los ojos grises, y un cuerpo más bien delgado. No sabría decir si era un chico atractivo porque nunca le miré con esos ojos, pero quizás ahora, con unos años más, se haya convertido en todo un pibón, o eso me gusta pensar. -¿Tu padre te deja jugar a esos juegos?- Le pregunté m

