Yo hice caso a su petición y ya no dije nada. Él se quedó acariciando mi cabello por un rato y yo me calme un poco y el dolor desapareció casi por completo. Mi tío se fue a poner unos pantalones y yo me quede sola en mi habitación pensando en aquella visión tan gratificante que había tenido. Por fin había visto el cuerpo de un adonis. Un hombre en toda la extensión de la palabra. Un guerrero espartano que podía tomar a la mujer que él quisiera y hacerla suya. Una vez más estaba ideando cosas prohibidas y degeneradas en mi mente. Esa noche cenamos todos juntos hamburguesas del puesto de la esquina, y como era habitual mi hermano no había llegado. Seguramente estaba con alguna de sus mujeres y se iba a quedar fuera. Yo estaba feliz con la plática tan amena con mi padre y mi tío. Había pasad

