Era sábado, y después de haber salido la noche anterior, maldecí haber aceptado ir a comer a la casa de Lucas. Lucas era un tio con pasta. Siempre vestía con ropa de marca, se daba caprichos, y tenia un coche que valía casi tanto como mi casa. Su casa, era casi como una mansión. Por no mencionar que tenían servicio doméstico, el cual yo pensaba hasta ese momento que era cosa de las películas. En fín, su estilo de vida contrastaba en todos los aspectos con el mio, que apenas tenía dinero para llegar a fin de mes. Sin embargo, por alguna extraña razón se había encaprichado conmigo, y yo con él. Eran casi de las dos del mediodía, y estábamos en su habitación, para varias, metiéndonos mano. Yo acariciaba su pecho por debajo de su camiseta mientras el introducía su mano derecha por dentro de

