LA CONSOLACIÓN Y PROBLEMAS ALTERNATIVOS Realmente era mi querido abuelo, tierno en la vejez, terrible en su juventud. Siempre había sido un tipo difícil, rencoroso y mordaz, y en cierto modo era el típico macho italiano. De joven había tenido cabello castaño, con ojos oscuros españoles, piel de oliva quemada por el sol, anchos hombros campesinos. No era alto, como yo, pero si mucho más robusto. Solo las manos que teníamos eran las mismas, largas y delgadas, las que los británicos definían como de panaderos, y de hecho este había sido su trabajo durante toda su vida. Se levantaba antes de que el gallo cantara para trabajar muy duro, y no necesitaba la radio: pues, de hecho, tenía una voz cálida y llena, de barítono, una voz que te hace compañía y te tranquiliza en la vía, y en el camino d

