Aquella noche, Elena al fin puede descansar como Dios manda, saber que su hermano ya conoce toda la verdad de lo que había ocurrido en su vida y de cómo había quedado embarazada, le da una tranquilidad mucho mayor. Por eso, cuando se despierta feliz y sale de la cama con el ánimo de hacer algo divertido aquel día, lo último que espera al abrir la cortina es mirar abajo y encontrarse que frente al edificio está estacionado el auto de Noah. —Y me dicen terca a mí… Elena coge su bata y se coloca las pantuflas, para luego dejar el departamento y bajar a enfrentar a ese hombre. Al acercarse al auto, llama a la ventana y el vidrio tintado se baja lentamente en donde ve el rostro completamente somnoliento de Noah. —Buenos días, Chiquita. —¿Noah, que se supone que estás haciendo aquí? —No te

