El aroma de la salsa invadió a Nathaniel haciendo que su boca salivará, el brillo de satisfacción en sus ojos era algo que aparte de un campo de batalla el secretario jamás vio. Ansioso. -vamos, siéntate en la mesa- el alfa se sorprendió de que James jamás cuestionó su presencia, se sentó cómodamente y el secretario también. Todos los platillos fueron dispuestos frente a ellos con un aspecto hogareño pero exquisito, tan apetitosos qué hasta el secretario comprendió a su jefe. -dime la verdad general alev-dijo James, la anciana sin levantar la vista de sus guarniciones escuchó y supo que venía un ataque frontal - ¿realmente te gusta Moon? - Nathaniel detuvo su mano pero al instante volvió a agarrar algo del plato frente a él y afirmó con voz recta - si, ¿realmente no te gusta Fidel?

