—Amor no quiero que lo hagas, si no vas a estar seguro o te va a dar impresión.— Sus palabras son sinceras y espera que él le diga la verdad, porque no quiere incomodarlo en ningún momento. —Son mis hijos por supuesto que estaré en el parto.— Le sonríe del otro lado de la mesa donde él está sentado. Mientras están, ambos, cenando dándose los últimos gustos de estar a solas, cómo marido y mujer ya que los días que se vienen van a ser bastante movido para ambos y no creen poder tener intimidad como para tener una cena a solas. —Lo sé, pero hay muchos padres a los que les da impresión y prefieren a guardar afuera cuando la mujer termina de parir.— Explica con total normalidad. —Yo no voy a hacer como esos padres.— Arruga su ceño molesto de que la castaña piense que él puede llegar a poner

