—Creo que no estás entendiendo que no tengo ganas de hablar con vos, y que menos que menos, quiero que estés en mi casa...— Rueda los ojos. Cuándo ve que el la sigue siguiendo si importarle cuan incontables veces se lo dijo en el camino... —Adela.— Aprieta sus manos. —No se si necesitas que le diga a mí abogado, Hugo, que te lo haga saber por carta o algo...— Cierra los ojos y relame sus labios enojada con ella misma. Ya que la casa se la regaló él y se maldice completamente por dentro al haber dicho esas palabras mal conjugadas, en su cabeza tiene tanta información y tantas cosas que se mueven de un lado al otro, que ya no sabe si se quiere mudar de ahí, si quiere estar en otro país, sí quiere estar en un departamento de dos por dos, en una casa que tenga cincuenta millones de pisos.

