Zyra se sentía culpable por su propia estupidez, había entrado en una pendiente resbaladiza y lo había disfrutado, el vampiro era un torbellino de misterio para sí mismo. La había dejado abruptamente cuando ella le ofreció sus labios, permiso para tocarla y deslizar sus manos frías contra su cuerpo en llamas. - Hola Zyra ... Miró hacia arriba y encontró refugio en su jardín para plantar flores. Él estaba allí frente a ella, luciendo arrepentido, enojado. Zyra recuperó su canasta y se puso de pie. - Déjame adivinar que viniste a capturar mis sueños y luego te fuiste como un ladrón. Zyra se burló bruscamente.15 La agarró por la muñeca obligándola a detenerse. - Siento lo de anoche pero yo ... - ¡Y lamento haber creído en ti! Asombrado, retiró la mano de su muñeca. - Zyra escúchame

