Jan Kubrich, que había vuelto estar suficientemente lúcido con el paso de las horas, le había preguntado: “Sumo Protector, ¿se puede saber cuántos sois ahora?” “Somos numerosísimos. Pero ya basta de hacernos preguntas. Bebamos y comamos con alegría, que desgraciadamente al final de cena, por meras razones logísticas, ¡que quede claro! seréis devueltos a la prisión del astropuerto, donde permaneceréis con vuestros otros compañeros durante una quincena, a la espera de vuestro vuelo al Planeta Interno; pero estad tranquilos, también en la cárcel seréis muy bien tratados”. Se habían servido en la mesa magníficos alimentos y vinos y, al acabar la cena, dulces acompañados por diversos licores, entre ellos vodka. Jan se había servido generosamente de este, rellenando antes que nada su petaca si

