EDWARD Cuando hizo esa pregunta, tanto Georgina como yo nos miramos, yo por mi parte no sabía que responder, si le decía la verdad y no me creía. O peor aún, me echaba de cabeza con Erick, sé que me haría pagar por haber metido mis narices donde no debí haberlo hecho. Él parecía estar furioso y no entendía por qué, arrugó el papel que tenía entre sus manos y exigió que hablara. —¿Eres sordo muchacho?, ¿Quién carajo eres?, responde —alzó la voz y Georgina se interpuso entre nosotros. —Señor McMillan, las evidencias lo dicen todo, sabe mejor que nadie quién es, aunque no quiera aceptarlo o creerlo, el parecido es innegable. —Esto no es posible —cerró los ojos y negó con la cabeza— además, por los años que supongo que tiene, él… —Georgina lo tomó del brazo y lo ayudo a sentarse en el sof

