El aplauso seguía, las copas seguían chocando, Dmitry seguía hablando de futuro, fuerza y lealtad. Pero para mí, todo se redujo a esa verdad que me aplastaba: había dejado que Joel se infiltrara en mi vida, en mi corazón, en mis secretos. Y ahora… ahora él estaba allí, revelando su verdadero lugar, un Volkov, hijo del hombre más peligroso de esa sala. Y yo… yo era la ingenua que había caído en su red. ++++++++++++++++++ Dmitry alzó la copa, con ese porte imponente que no necesitaba pedir silencio porque el silencio lo obedecía. —Y ahora —dijo, su voz retumbando en cada rincón del salón—, dejo en manos de mi hijo las palabras que marcarán esta noche. Se giró, extendió el micrófono hacia Joel, como un cetro entregado a un heredero. Él lo tomó con calma. Sus dedos largos, elegantes, cer

