William se despertó con una sensación agradable. Abrió los ojos y se dió cuenta de que estaba aferrado a la espalda de Simi. Ella durmiendo sobre él prácticamente, envuelta en su abrazo. Su pene estaba duro, muy duro. Ella había metido su lindo culito justo a la altura de la entrepierna de él así que su pene estaba medio escondido entre las piernas de ella. Alzó las sábanas y las mantas y gimió. — Dios bendito — exclamó. No había podido ver bien el culo de Simi la noche anterior. O sea lo había visto, pero no se había detenido a verlo. Su piel era cremosa y sin manchas, suave al tacto cómo pudo comprobar. Sin granos, de textura perfecta. Nacía de la zona baja de su espalda, era un culo pequeño pero prominente. Se percató de que tenía algunas marcas de los sucesos de la noche anterior

