Simi estaba feliz saliendo de su visita a la ginecóloga, la doctora Anya. En esa oportunidad había ido a su consulta particular en un consultorio ubicado cerca del centro de Londres. La realidad era que no salía mucho del lugar que le daba asilo. Se pasaba la mayor parte de su tiempo en el refugio. Estar en compañía de otras mujeres como ella, le hacía bien. Había aprendido a amasar y le encantaba. Hacia panes, confituras, tortas, cupcakes. Sus amigas de allí le decían que todo lo que hacía era delicioso y debería pensar en poner una pastelería y ella solo reía alegremente como en mucho tiempo no lo hacía. De alguna forma entre esas mujeres, rotas como ella, se sentía valiosa por primera vez en su vida. De una forma en que nunca había sentido anteriormente. En el sentido de que ella po

