Por alguna razón, esos atuendos de falda a la rodilla y camisas victorianas, así como los peinados ajustados y los lentes de marco de carey se transformaron en una tortura gradual e in crescendo para William, lo cual había empezado a tornar su carácter alegre en algo hosco. Y al jovial William, en un hombre malhumorado. Claro que había tenido sesiones con sus spankees habituales, había tenido sexo pensando en ella y se había masturbado también. Pero nada parecía satisfacerlo lo suficiente, se sentía un adicto pidiendo más y sin dar con la droga adecuada para encontrar verdadero alivio, cada vez estaba peor. Si por alguna circunstancia Simone se levantaba y él podía ver la curva perfecta de su culo, William se ponía más duro que si estuviera sin ropa, amarrada, o siendo por él nalgueada.

