William había salido a encontrarse con un cliente. Menos mal porque ese día se sentía horrible. Tenía muchas náuseas y estaba mareada. Inesperadamente la italiana, Chiara, entró a la oficina. Debajo de su abrigo, que se sacó tenía un mono en color blanco de piernas anchas y con mangas largas de una tela elastizada con unas botas cortas y un bolso de diseñador en color marrón, impecable como siempre. Esa vez había ido sola, sin su bebé. Justo ese día que ella se sentía una piltrafa. —Ah hola cara— dijo sacándose sus gafas inmensas. —¿Y William??? —El no...no está... perdón...— dijo Simi y salió corriendo para el baño, se arrodilló frente a la taza y comenzó a vomitar. No notó en que momento, pero la italiana estaba tras ella sosteniendo su cabello que justo ese día, no tuvo mejor idea

