Simi volvió al refugio con su beba. Se sintió bien el ser recibida en el abrazo de esas mujeres que la entendían como nadie más. A pesar del dolor tan grande que sentía, veía a su beba con esa pelusita colorada en su cabecita y le devolvía el alma al cuerpo. Y la alegría a su espíritu. La niña era un clon de su padre. Y era tan buena, lloraba poco, dormía de corrido, y la miraba con amor en eso dos ojos grandes mientras bebía su leche y tocaba su pecho con su manito. Su beba era un milagro y estaba tan agradecida. Si todo ese pasado oscuro la llevó a esa hermosa criatura que era su hija, hubiera hecho todo lo mismo de vuelta. Mientras pasaban los días y cuidaba a su niña pensaba en el futuro. No podía estar por siempre en el refugio. Quería poner una pequeña casa de tortas y panadería

