POV. NARRADOR. Leonora no tenía idea de si lo que estaba haciendo era una locura, un acto heroico o simplemente otro impulso más nacido del cansancio y la impotencia. Pero no se detuvo. Se colocó el pañuelo sobre el rostro, del mismo modo en que lo usa Max, apretándolo fuerte detrás de la cabeza, asegurándose de que no se viera ni un centímetro de su piel. El caballo resopló inquieto mientras ella ajustaba las riendas. Max y Samantha la observaron en silencio, como si supieran que nada de lo que pudieran decir iba a detenerla. Y tenían razón. El pueblo estaba sumido en una especie de muerte lenta. No había voces, no había niños corriendo, no había vendedores. Solo miradas vacías y pasos arrastrados. Solamente eso. Cuando llegaron a la plaza principal, los gritos que no existían afu

