15. EL DONADOR DE FORTUNAS I

1054 Words
POV. CARL. —¡¿Dónde está?! —grito desesperado y confundido. Vi sus ojos, sabía quien era, pero sobre todo esa jodida cicatriz, conozco al dueño de esas cicatriz y es tal vez uno de mis mejores secretos. Nunca se lo dije a nadie, ni siquiera a Allieth cuando estuvimos en nuestro mejor momento, llegue a confesarle todos mis más oscuros y feos secretos a mi amada esposa. Pero este no, este me lo guarde, por alguna estúpida y absurda razón. Pero además el desgraciado vino directamente por ella. ¿Por qué? ¿Tiene una razón para eso? ¿Qué debo hacer? ¿Decir su nombre en alto? ¿Acusarlo? ¿Exponerlo? ... ¿Traicionarlo? ¡Carajo! Después de tantos años, no creí volver a verlo de frente, por dentro mis cuerpo casi temblaba por la conmoción, pero al mismo tiempo tenía rabia por todo y por todo lo que me hizo, él y su familia. —Su majestad —dijo el oficial Richard y Thomas venía detrás de él—, encontramos los cascos de los caballos, tomaron rumbo al norte. —¿Al norte? —pregunto confundido. ¿Por qué irían directo a las tierras de los Bovary? Y justo después del anuncio que acababa de hacer Allieth ante el pueblo, estaba seguro que la mald¡ta Condesa no tardará en llegar a mi despacho junto con la fastidiosa Marquesa Bovary Stone su sobrina, Danielle Percy, con la que casi me caso y agradezco que Allieth llego en el momento justo, pero más cambiada de lo que necesitaba. Mi cabeza duele y duele mucho, no solo por el jodido e innecesario golpe que me dio ese imbécil, si no por toda la situación en sí. —Acabamos de confirmar quienes son los que se llevaron a la Reina —dijo Richard y eso fue peor que un baldado de agua fría en invierno, apreté mis ojos con fuerza y maldije. Ya sabía la respuesta, pero que la dijera en voz alta lo hacía mas real de lo que necesitaba. —El donador de fortunas —continuo Thomas y asentí sin decir nada. —Envíen un batallón por mi reina, la quiero en el castillo para el amanecer. Todos los hombres se pusieron en marcha y por un impulso imprudente, decidí subir a mi caballo solo con mi espada y los seguí. Íbamos cabalgando a toda velocidad y aun así, mis dos hombres me flaqueaban y se tomaron el tiempo para intentar hacerme entrar en razón. —Su majestad ir podría ser... —Peligroso —le dije a Richard, pero continúe. —Es MI Reina, la que fue llevada contra su voluntad —dije con los dientes apretados—, ni por un segundo pienses que voy a dejar pasar todo esto así. —El anuncio de la reina causo conmoción, no creo que deba dejar la corte —un agitado Thomas soltó y eso me hizo detenerme por un segundo, pero mi cabeza solo pensaba en Allieth y en el peligro y en... Tenía que ir por ella. Tenía que arrebatársela de las ma... Bueno de las garras. POV. DE ALLIETH. —¿Me estás llevando a una muerte segura? —era claramente la pregunta más estúpida que había echo jamás. —No —dijo con firmeza y apretó sus manos al rededor de mi cintura—. ¿No te incomoda? —pregunto y no sabía a que se refería así que guarde silencio. Pero su pregunta, por tonta que pareciera, me hizo pensar mucho. ¿Qué me incomodaba? Me incomodaba Carl. Me incomodaba no saber la verdad. Me incomodaba la corte. Me incomodaba la comida de la corte. Me incomodaba la frialdad y superficialidad de la corte. Me incomodaba... No tener nada de lo que siempre quise. La verdad todo me incomodaba. Supongo que el silencio ante su respuesta lo hizo hablar. —Me refiero al corsé, ¿no te incomoda? —se aclaro la garganta y me di cuenta que sí, eso también me incomodaba. —B-bueno hace parte de... —La ropa de cortesana —dijo casi con aburrimiento. Y esas palabras nuevamente me hicieron replantearme muchas cosas, cuando estaba en el noviciado no tenía que usarlo y todo se sentía más relajado. —Un poco, incomoda un poco —aclare sintiéndome un poco avergonzada de admitirlo. —Te lo puedes quitar cuando lleguemos. ¿Cuándo lleguemos? Nuevamente sus palabras me hicieron pensar más allá de lo que tengo en frente. ¡Carajo! ¿Qué clase de filosofo trascendental es este tipo? —¿A-a dónde vamos? Soltó una risa casi para si mismo y detuvo el caballo abruptamente, llevo su mano hasta mi hombro, pero de una manera muy sensual que hizo que mi pecho estuviera por estallar, acercó sus labios a mi oído y susurró: —Eso mi querida Reina, es un secretito que todavía no puedo revelar. Mi piel se puso de gallina, la piel de mi columna se erizo por completo, yo... perdí la cordura y deje de respirar, cerré los ojos aunque los tenía vendados, apreté mis labios y mis manos se apretaron hasta quedar blancas sobre la cuerda de cuero del caballo en el que íbamos cabalgando. Puso el caballo en marcha de nuevo, pero no por mucho tiempo, tal vez 10 o 20 min más de cabalgata y luego el caballo se detuvo, me bajo del caballo y volvió a cargarme como un costal de papas hasta... No se hasta donde. Entre en un lugar que se sentía cálido, las vendas de mis ojos fueron retiradas y perdí el aliento. Era un lugar... pequeño, se sentía el amor fraternal, era como un sueño, una pequeña cabaña toda de madera, parecía sacada de un sueño, era como algo que yo una vez había dibujado y aún no lograba decidirme si esto era real o era solo un sueño. El hombre que estaba a mis espaldas y yo pude escuchar sus pasos acercándose a mí. —Tus ojos —dijo con firmeza y yo volví a la realidad—. Esos ojos tuyos son violetas y ano ser que haya sucedido magia, de esa que solo sucede en tu reino y que yo haya perdido mi memoria, tus ojos eran negros, oscuros y profundos, había una chispa que tu no tienes.
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