POV. DE NARRADOR.
Leonora corría por los pasillos del castillo, tanto como podía y su vestido pesado se lo permitía, su corazón latía a mil.
Sabía que no tenía más de una o dos horas, máximo, para que Carl se enterará de su radical decisión y para que la corte al fin se dividiera en dos.
Sí, los que estarían del lado de la Marquesa Danielle de Bovary Stone y su tía la Condesa Bovary.
Y los que estarían del lado de la reina Allieth. Todos allí sabían de la fidelidad del Duque de SunsetWall Henry Fitzroy. Y tal vez los fieles y leales a la reina Allieth acababan allí.
Porque probablemente la familia de la Marquesa de Mulberry Garden, Victoria, quien ahora era una prisionera más debido a la decisión dé Carl, estaría del lado de Danielle.
Y es que aunque Albert su soldado más fiel, o tal vez quien fue fiel siempre a su hermana, era importante, pero no tenía el poder ni el peso dentro de la corte para protegerla o ayudarla. Y nos ahora que no pensaba despegarse nunca más del lado de Henry, luego de lo que hizo Carl con su buen amigo.
Entre la mercancía y el dinero que decidí retener a la Condesa de Bovary, tía de Daielle, había más que suficiente para alimentar al menos a unos 10 pueblos por un mes entero.
Mi mano tembló un poco mientras firmaba, pero igual lo hice.
El recuerdo en mi mente estaba tatuado con sangre, no podía sacar de mis recuerdos las expresiones de cada uno de los sirvientes, delegados y contadores que estaban frente a mí. Todos me miraban como si me hubieran salido tres cabezas, y tal vez era así, pero no estaba dispuesta a dejar que esas trepadoras continuaran humillándome o a mi hermana.
Lo que estaba haciendo no era suficiente, eran barcos llenos de objetos precioso, comida, animales y exquisitas artesanías de un valor incalculable.
Pero también estaban sus tierras y lo que estás producirán, si Henry tiene dinero, la familia Bovary con la condesa al mando tiene mucho más.
Granjas de cerdo, de pollos, de vacas, cultivos enteros de maíz, batatas y frutas.
—Es todo —les dije para que se fueran directo con mi decreto real y lo publicarán en la cartelera principal.
Todos estaban asustados, pero también había una especie de llama viva que se había encendido en sus ojos, casi como si hubiesen anhelado esto tanto como yo.
Sí, muy pocos sirvientes en la corte querían a las damas de la familia Bovary y en especial a Danielle por esa arrogancia y petulancia con la que siempre se dirigía a los demás.
Mientras que mis manos pasaron de temblar por aquel pequeño acto rebelde, mis manos seguían temblando con los diarios de Allieth.
Yo había leídos los más crueles y doloroso, los de sus días entre cortesanas que se burlaban por que era muda, los que contenían aquellos tortuosos días de indiferencia de Carl, aquellos diarios en los que un odio creció en su interior.
Pero no tenía idea de que habían diarios, en los que... Bueno en los que ella y Carl tenían más que contacto.
Lectura de los diarios:
* * * 10 De Enero...
Sus dedos recorrieron mis muslos con firmeza, se clavaron en mis carnes antes de hundirse en mi humedad. Lo mejor que pude hacer fue... dejarlo, sus labios devoraron los míos. Podía sentir su hambre como la misma mía, mi humedad me delato y lo sentí cuando su gruñido emergió de entre su pecho. Sus dedos se balancearon dentro de mí con una fuerza y una agilidad que casi había olvidado.
¿Pero como podía olvidarlo? Si tan solo llevábamos 3 días desde que habíamos estado desnudos el uno frente al otro, en la bañera.
Intente detenerlo, intente empujarlo lejos de mí, pero no se movió, sin embargo si se detuvo, sus dedos salieron de mi interior dejándome vacía y adolorida por necesidad, llevo sus dos dedos a sus labios y los succiono con una sensualidad que me derritió la mente, no pude evitar tomar su gran mano y llevar esos mismos dedos a mi boca, donde hice lo mismo que él.
Carl es tan peligroso como perfecto, sus ojos están tan negros que me temo que parece una bestia escondida bajo el elegante y costos traje de un rey. Pero quiero que me devore por completo, por esa razón desato mis faldas, todas y cada una, dejando sobre mi cuerpo solo ese apretado corsé que hace parecer que mis pechos van a estallar.
Lo veo mirarme aún más sediento y hambriento, jadea y lleva sus manos a mis nalgas donde las aprieta con tanta fuerza que parece que mi cuerpo ya no es mío, le levanta y rodeo su cintura con mis piernas que ya tiemblan por la anticipación de lo que esta por suceder. Posa su frente sobre la mía y murmura las palabras que me impulsan en este arrebato.
Estábamos en medio de un pasillo de la biblioteca, ¿y si alguien entra? ¿Y si nos ven? ¿Acaso importa?
Allí solo éramos, Carl, yo y nuestro impulso e instinto. Pura carne, piel y deseo.
Carl se hundió bruscamente y mi gemido lo altero, creí que iniciaría con movimientos lentos y me dejaría sentir su carnosidad dura y firme dentro de mí, pero no. Carl se hundió brusco, fuerte, casi violento, no se detuvo, se empujo en mí hasta la saciedad y mis pechos finalmente salieron de mi corsé, para ser tomados por sus labios, pellizcados entre sus dientes y succionados con hambre.
Todo fue... Perfecto, hasta que me corrí. Mis piernas temblaban demasiado y Carl parecía igual de agitado...
* * * 25 De Febrero...
Mi pecho esta pegado a la cama, mis manos atadas sobre mi cabeza, mis piernas atadas a las patas de mi cama, abiertas.
Y yo estaba desnuda, expuesta, lista para recibirlo, sin embargo Carl no parecía tener la intensión de tocarme, las yemas de sus dedos paseaban por mi piel desnuda, y era un contraste delicioso. El frío de sus piel contra el ardor infernal de la mía que lo deseaba y lo anhelaba.
Entonces se poso detrás de mí y mis piernas temblaban sin que aún hiciera nada más que existir detrás de mí.
Era un placer excepcional solo tenerlo allí, quería que hiciera conmigo lo que se le antojará, lo único que quería era que Carl em poseyera, me tomará, me hiciera suya una y otra vez esta noche.
No tengo nada que temer ahora, no cuando me ha demostrado una y otra vez su fidelidad, lealtad, y sí, su amor...
Entonces cuando menos lo espero, Carl se hunde en mí y azota mi trasero. Se cuantas veces lo va a hacer, 5, una por cada impertinencia que me permití en la cena con los asquerosos cortesanos. Puse mis manos en sus muslos, luego mis pies y lo presione al punto en el que casi no puede dar ese discurso políticamente correcto.
El primer azote se siente como un golpe brusco, la segunda es más placentera, la tercera la da en toda mi mitad y siento como sus dedos se deslizan por mi humedad, la cuarta vuelve a caer allí y a la quinta simplemente entierra sus dedos, luego de ese golpe final. Carl besa mi trasero, lo mordisquea y luego se hunde en mí, las estocadas son suaves, entra y sale lentamente, parece que solo quiere hacerme sufrir, que solo quiere torturarme, le pido por más, pero se niega.
Así que mis gemidos se acallan, los ahogo entre la almohada y eso lo desespera, porque Carl le encanta que gima y que diga su nombre. Entonces así como yo me desespero por que quiero más de él, él se desespera porque quiere mis gemidos.
* * * 8 De Junio...
Mis manos están sobre el pecho de Carl, nuestras respiraciones se regulan poco a poco y mi trasero está rojo, pero el agua cálida ayuda a que la piel se sienta menos... dolorosa.
Todavía puedo sentir que su erección no decae del todo, mientras que sus dedos me acarician la espalda y mis labios besaban su piel gruesa y masculina.
* * * 6 De Noviembre...
Estaba rebotando sobre Carl, mi espalda contra su pecho y su frente pegada a mi nuca, y sus brazos abrazando mi cintura, de vez en cuando sus dedos pellizcaban mis pezones para incrementar la tensión y mi deseo, pero es que no sabía como lo lograba cuando yo ya estaba a punto de estallar por su culpa.
* * * 31 De Diciembre...
Estaba todo listo para el banquete, iba saliendo de la cocina mientras llevaba una bandeja con mi postre favorito, fresas con crema, pero me lleve el susto de mi vida cuando unas manos tiraron de mi vestido y quede pegada contra una pared, las fresas casi caen, pero fueron sostenidas con firmeza, unos dedos untados de crema legaron a mis labios y no pude evitar succionar, una fresa que mordí con fuerza y fue arrancada de entre mis dientes por los labios de Carl, estalle en una risa que el supo silenciar.
Antes de la cena, Carl y yo nos desnudamos afuera de la cocina y era como si milagrosamente nadie pasará por allí, éramos solo él y yo por esos pocos segundos en los que me tomo por la espalda y me abrazo a su carnosidad, fueron unos momentos perfectos en los que finalmente me corrí en su boca, cuando decidió terminar conmigo y hacerme el mejor sexo oral que me había hecho hasta ahora.
y los días seguían y seguían, cerré el ultimo diario con fuerza, mi mandíbula dolía tanto que estaba a punto de estallar, no me había dado cuenta de la fuerza que estaba haciendo y menos de que mis muslos estaban tan apretados, esta pequeña y corta lectura fue bastante esclarecedora, en un aspecto, pero la verdad es que dejo a mi hermana como una mentirosa o que simplemente huyo de aquí por una mentira.
Mi pecho estaba un poco acelerado y parecía ansiosa.
Deje los diarios en su lugar y por desgracia, cuando creí que tendría unos pocos minutos de paz, todo se volvió una completa guerra.
La puerta no fue golpeada, fue tirada y cuando el polvo se asentó de nuevo, los hombres de Carl y Carl estaban allí listos para...
—¿Qué carajos fue lo que hiciste?
—¿Qué quieres? —sabía a lo que se refería y ya no pensaba guardar más los modestos modales de mi hermana, ahora se trataba del todo o nada.
—Dejaste sin dinero a una de las más grandes cortesanas, una de nuestras mas grande benefactoras.
—¿Desde cuando el reino necesita de benefactores? ¿Acaso no somos lo suficientemente capaces de sostener este reino por tus habilidades, querido Rey?
Estaba siendo muy sarcástica y lo sabía, pero no me importaba.
—Allieth, lo que hiciste nos puso en jaque, parte de esos cargamentos venían para el reino.
—Pero no para el pueblo —dije con firmeza acercándome a él.
—¡Allieth! —me gritó con rabia y se acercó para zarandearme por el brazo, pero tire de su m ano y lo empuje lejos.
—No necesito más respuestas. Su sobrina no ha parado de humillarme desde que llegue, así que creí que una lección debería ser suficiente.
Nadie dijo nada, Carl solo me miro y sonrío un poco antes de continuar.
—Iras tu misma a liberar esa mercancía y si no lo haces, cortaré todos y cada uno de los suministros de los siete pueblos que rodean este reino.
—Eres un infeliz...
—¡LO SOY! ¡SOY EL PEOR DE TODOS! —su grito estruendoso me tomo por sorpresa—. Pero tu eres peor, cuando actúas de esta forma, solo pensando en tu orgullo herido, no eres la Allieth de la que me enamore y te desprecio; te desprecio tanto que desearía que no...
—Piensa bien lo que estas por decir —le advertí.
—Desearía que nunca hubieras sido mi reina, porque te he convertido en un monstruo.