Después de que el partido haya finalizado —y hemos ganado —, Peter se ha ofrecido a llevarnos a Madison y a mí a mí casa. Cuando Madison y yo bajamos del coche de Peter inmediatamente visualizo a mi tía saliendo de casa con Jack.
—¿Es Jack? ¿El tío de los Sprouse? —pregunta Madison en un susurro a medida que nos acercamos.
—Sí.
De repente, escucho la risa de mi tía junto con la de Jack e inmediatamente los dos nos visualizan a Madison y a mí.
—Oh, hola chicas, ¿ya ha terminado el partido?
—Sí. Qué guapos vais —sonrío de lado mirando a Madison con complicidad.
—No es lo que estáis pensando —niega con la cabeza —. Vamos a quedar con más amigos, es solo que Jack ha querido venir por mí.
—Está bien —concluyo —. Nosotras vamos a cambiarnos y nos vamos a una fiesta.
—Cierto, Caleb me había comentado algo antes —interviene el tío de los gemelos.
—Si necesitas algo o pasa algo durante la noche no dudes en llamarme, sea lo que sea —mi tía me mira de forma inquisitiva.
—Si mami… Pasaoslo bien.
—Igualmente chicas.
Justo cuando abro la puerta de casa, antes de dar un paso para entrar en ella, la voz de Jack me lo impide:
—Annie, cuídame a Caleb —dice guiñándome un ojo.
Madison suelta una carcajada y yo me quedo totalmente perpleja ante su comentario.
—¿Qué demonios ha sido eso? —digo desconcertada.
—Ni idea pero parece ser que el chico del gorrito ya le ha hablado a su tío de ti.
—En fin —sacudo la cabeza —. ¿Vamos a mí habitación?
—Sí. Vamos a elegirte un modelito en el que te veas radiante.
—Y a ti otro para que Jackson Williams se de cuenta de la chica tan guapa que tiene delante —digo subiendo las escaleras junto con Madison.
—Todavía no me puedo creer lo que he hecho —sonríe avergonzada.
—¿A ti te gustaría intentarlo con él de nuevo? —digo encendiendo la luz de la habitación.
—No lo sé la verdad y sinceramente, esa pregunta me la he hecho muchas veces. Pero antes de todo, necesitaría saber el verdadero motivo del por qué me dejó.
Madison se dirige al armario y lo abre empezando a observar la ropa. Yo me limito a sentarme en la cama cruzando las piernas.
—¿Alguna vez has pensando que el motivo fue tu padre? Al fin y al cabo él es el entrenador de baloncesto, no sé…
Madison se gira lanzándome una mirada dubitativa.
—No lo había pensando… en fin —sacude la cabeza —, vamos a lo que vamos.
—Sí, pero antes voy a bajar la persiana no vaya a ser que tengamos algún mirón.
Una vez bajo la persiana, Madison y yo nos ponemos manos a la obra con el tema vestuario.
***
Dos horas después, Madison y yo chocamos nuestros pequeños vasos de chupito y nos lo bebemos de una mientras escuchamos el alboroto del bar en el que estamos.
—¿Pedimos otra? —sugiere medio achispada.
—Pero solo una más —le advierto con la mirada —. Deberíamos estar en la fiesta y aquí estamos, las dos y bebiendo chupitos.
—Annie, necesito alcohol antes de ir a la fiesta, no me puedo permitir ir sobria estando Jackson allí después de lo que ha pasado antes del partido.
Niego con la cabeza y me río.
—Tienes vergüenza de ir a la fiesta pero a la hora de besarle no te has cortado ni un pelo.
—Por supuesto que no —suelta una carcajada.
Madison se levanta a por otra ronda de chupitos. Mientras ella lo pide, la pantalla de mi teléfono se ilumina en señal de que me ha llegado un mensaje.
"¿Dónde estás? Hace dos horas ha empezado la fiesta. Por cierto, ¿Madison está contigo? Williams no deja de mirar el móvil."
Entonces, tecleo la respuesta para mandársela.
"Estamos en un bar bebiendo, supongo que luego iremos y si, Madison está conmigo."
—¡Aquí están las rondas de chupitos! —exclama Madison dejándolas sobre la mesa derramando un poco el líquido en ella.
—¿Tequila? ¿Y el limón?
—Sin limón, únicamente con sal. ¡Vamos!
Las dos nos aplicamos la sal en un lado del dorso de la mano, pasamos la lengua por dónde está la sal e inmediatamente nos bebemos el chupito no sin hacer una mueca de asco.
—Oye Mad, revisa tu teléfono, quizá tengas llamadas o mensajes.
—Sí, lo sé. Tengo tres llamadas de Jackson y mensajes. Que se fastidie, no le pienso dar las cosas tan fáciles esta vez.
—Así me gusta. Nunca hay que ceder a la primera con los chicos, no hay que dejarle las cosas tan fáciles.
—Y creo que por eso le gustas tanto a Caleb —dice lanzándome una mirada inquisitiva —. Hablando de él, ¿te ha dicho algo?
—Que dónde estamos y le he dicho que luego iremos.
—En cuanto me note un poco achispada, vamos.
Madison seguía bebiendo pero yo no bebí más ya que Caleb me ha conseguido la entrevista para mañana y tenía que estar fresca.
Caleb Sprouse
No sé cómo demonios lo había hecho pero me sentía mareado. La música retumba por toda la casa, la gente pasa por mi lado y huele muchísimo a m*******a.
¿Qué demonios estoy haciendo aquí?
Llevo tres horas esperando a Annie, había pensando en proponerle de irnos juntos y pasar tiempo con ella, conocerla, saber lo que le gusta, saber lo que le gustaría hacer en un futuro, sus miedos, sus inquietudes… lo quiero saber absolutamente todo de ella. En cambio estoy aquí, en una fiesta, con gente que ni conozco o conozco de vista y borracho.
Camino como puedo hacia Jackson viéndolo conversar con un tío que no me suena de nada y me pongo a su lado.
—Tío, yo me voy ya, no me siento bien.
—¿Qué te pasa? ¿Qué has bebido?
—Hey Caleb, ¿estás bien? —pregunta Susy a mi lado.
—¿Qué clase de alcohol compras tú? Porque es puro garrafón.
Susy me mira con incredulidad mientras escucho la risa de mi amigo al lado.
—Tu sabes que yo no compro nada de mala calidad —dice ofendida.
—Lo que tú digas… me voy —susurro.
—Caleb, ¿estás bien? Creo que deberías quedarte y dormir en las habitaciones de arriba —dice apoyando su mano sobre mi hombro.
—No, gracias.
—Caleb, hazme caso de verdad —insiste.
De repente alzo la vista viendo su rostro y su ceño fruncido. Sigo la mirada hacia donde ella está mirando y sonrío al ver a la chica rubia americana entrando en la fiesta. Su pelo rubio está suelto y ondulado. Lleva una falda negra hasta un poco más arriba de la rodilla y una camisa azul coral de manga larga. Ella al visualizarme, me sonríe al igual que yo le sonrío mirándola embobado a medida que camina hacia mi.
Está preciosa.
Annie Evans
—Annie, ¿puedes llevarte a Caleb a casa? No se encuentra bien, ha bebido de más.
—¿Qué has bebido? —digo poniendo mi mano en su mejilla mirándole con preocupación.
—Caleb, insisto en que te quedes, no estás en condiciones de irte —insiste Susy.
—Ya te he dicho que no —replica
—No te preocupes, yo me lo llevo a casa en taxi. Madison, ¿te quedas? —pregunto mirándola.
—Si si —dice repetidamente.
Caleb pasa su brazo por mi cuello y yo pongo mi mano alrededor de su espalda. Entre la multitud conseguimos salir de la fiesta e inmediatamente llamo a un taxi para que venga a por nosotros.
—El taxi me ha dicho que viene en cinco minutos —Caleb asiente y se quita el gorro y acomoda su cabello torpemente.
—Ya pensé que no ibas a venir.
—Sí, pero Madison quería ir a un bar antes.
—Tiene vergüenza porque ha besado a Jackson, ¿no?
—¿Cómo…?
Antes de formular la pregunta Caleb agacha la cabeza y vomita justo en lado de una farola. Cuando termina, abro el bolso y le doy un pañuelo para que se limpie.
—Gracias —dice con voz ronca.
El taxi llega, le ayudo a subir pero veo que entra solo. Pocos minutos después, cuando llegamos, el pago al taxi y bajamos del coche. Cuando el taxi se pierde en nuestra calle, miro indecisa a Caleb sin saber qué hacer.
—¿Te apetece entrar conmigo y prepararme un café? No estoy en condiciones de hacérmelo.
—Claro.
Caleb me pide que le saque las llaves de su chaqueta vaquera y me indica cómo tengo que introducir la llave para abrir la puerta. Nada más entrar, se dirige a la cocina, enciende el grifo, coge un poco de agua con la mano, tira la cabeza hacia delante y se echa agua en la nuca.
—¿Cómo te sientes?
—Creo que me voy a dar una ducha de agua fría, la necesito. Mientras tanto sirvete y coge lo que quieras, estás en tu casa.
Caleb empieza a subir torpemente las escaleras, mientras tanto yo me limito a mirarle con temor por si se cae. Me giro observando a mí alrededor…. ¿Habrá llegado ya mi tía a casa? Lo dudo. Si Jack no está aquí, mi tía tampoco.
Cojo un vaso y bebo agua ya que tengo la boca algo seca y a continuación, decido hacerle el café a Caleb. Mientras se lo preparo, tengo una especie de deja vu; me veo a mi misma en los Ángeles, en mi casa, en la cocina, preparándole a mí madre un café para que se le baje la borrachera. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo.
Pocos minutos después, Caleb baja con unos pantalones algo anchos y una camiseta de manga corta. Él inmediatamente me visualiza y se sienta en la silla dejando caer todo su peso en ella como si hubiese venido de correr un maratón y estuviese agotado.
—¿Te sientes mejor?
—Sí, la ducha me ha sentado genial pero estoy todavía algo borracho.
—No deberías de haber bebido tanto y más si no estás acostumbrado.
—Lo sé —dice, le da un sorbo al café y hace una mueca de asco.
—¿Sueles beber?
—No. Solo me he pegado una borrachera y me prometí a mí mismo no volver a beber.
—¿Qué pasó? —Caleb tensa su mandíbula —Si quieres contármelo.
—Me fui de fiesta con mi hermano, me animó a que saliera con él a una fiesta y en esa fiesta, me emborrache porque quería ser igual de guay y enrollado que Callum y, finalmente, terminé emborrachándome y fui el hazme reír de la fiesta y para colmo, mi hermano se cabreo conmigo porque le puse en ridículo y esa misma noche nos acabamos pegando —finaliza bebiendo un trago del café.
—j***r con tu hermano… —niego con la cabeza.
—Sí… Siempre se ha metido conmigo diciéndome que soy un tío raro, que no salgo de fiesta nunca. Que si siempre estoy haciendo fotos con la cámara, leyendo o escribiendo cosas en el ordenador. En fin —suspira.
—Cada uno tiene una personalidad distinta. A unos les gusta más salir de fiesta, beber y a otros les gusta más quedarse en casa, leyendo o viendo una película, no tiene nada de malo y eso no te convierte en una persona rara.
—Yo me considero raro —sonríe.
—Pues no, no lo eres.
—¿Sabes? Has tardado mucho, tendrías que haber venido antes. No tenía pensado quedarme en esa fiesta, quería proponerte de irnos a algún sitio, juntos.
—Madison ha sido la que ha querido tardar. Ya sabes, el beso con Jackson.
—Son unos idiotas los dos. Están locos el uno por el otro.
—Sí —sonrío.
Sus ojos azules se mantienen firmes a los míos durante unos segundos y me intimida tanto que no puedo aguantarle la mirada por mucho tiempo.
—Será mejor que me vaya a casa y así duermes.
—Está bien pero, ¿te apetece que comamos juntos mañana? Me gustaría mucho invitarte a mi restaurante favorito.
—Claro —sonrío.
—Genial —dice y nos levantamos.
Caleb me acompaña hasta la puerta y nos despedimos. Cuando llego a la puerta de mi casa, la abro y antes de entrar me encuentro de frente con Jack. Sin querer, mi mirada se desvía hacia los cuatro botones desabrochados de su camisa.
—Hola Annie, me marcho ya… —dice algo, ¿Tímido tal vez? Mientras tanto yo me limito a sonreír.
—Buenas noches Jack —digo haciéndome a un lado —. Espero que hayas disfrutado de la noche —sonrío.
El tío de Caleb me sonríe con complicidad y se marcha hacia su casa. Una vez dentro de casa, subo las escaleras y justo antes de entrar en mi habitación pillo a mi tía saliendo del baño con ropa interior.
—¿Qué tal noche? ¿Bien, verdad? —digo alzando ambas cejas.
Mi tía sonríe tímidamente y pone su dedo índice sobre sus labios para que no diga nada más. Le sigo con la mirada soltando una carcajada y justo antes de cerrar la puerta me dice:
—Ha sido una noche increíble.
Y dicho eso cierra la puerta.
****
A la mañana siguiente me despierto con bastante antelación para poder ducharme, arreglarme y desayunar tranquilamente. Cuando salgo de mi habitación fijo la mirada en la puerta de la habitación de mi tía dándome cuenta de que sigue cerrada, con lo cual, eso quiere decir que sigue durmiendo.
Cuando termino de desayunar, friego lo que he ensuciado y justo cuando termino de fregar, el timbre suena. Frunzo el ceño y me seco las manos. Cuando me dirijo a la puerta me encuentro a Caleb justo enfrente de mi.
—¿Habíamos quedado para desayunar y no me he acordado? —bromeo.
—No no, hemos quedado para comer pero había pensando en acompañarte a la entrevista, si no te importa claro.
—No, claro, por supuesto que puedes acompañarme —Caleb suspira con alivio —. ¿Qué tal llevas la resaca?
—No tengo, me tomé una pastilla antes de irme a dormir y me he levantado como nuevo —sonríe.
—Hay que prevenir. Cojo el bolso y nos vamos, pasa.
Caleb me espera justo en la entrada. Cojo mi bolso, le dejo una nota a mi tía y nos marchamos hacia la cafetería. Una vez llegamos a ella y hacen llamar al jefe, la entrevista se hace bastante amena ya que no van a necesitar mis servicios porque ya tienen a una camarera.
—Annie, no te pongas mal, encontrarás otra cosa, ya lo verás —Caleb pasa su brazo alrededor de mi cuello. Me quedo bastante sorprendida pero me gusta.
—Lo sé pero tenía fe en este trabajo.
—Lo sé y te entiendo.
—Oye, ¿por qué te ha mirado tan mal el dueño?
—Te conté que no acabé muy bien allí.
—¿Qué pasó? —le miro —Si se puede saber, claro.
Caleb se detiene clavando sus ojos azules en los míos. Ladea de la cabeza mirándome de una forma divertida.
—Te lo cuento a cambio de algo.
—¿De qué? —trago saliva con dificultad ante su mirada intimidante.
—De que me dejes llevarte a un sitio.
—¿Qué sitio?
Caleb se acerca más a mí y pone sus manos a ambos lados de mis mejillas haciendo que mi corazón empiece a acelerarse.
—¿Confías en mí?
—Sí —respondo totalmente segura.
—Eso es todo lo que necesito saber.
Caminamos en dirección a la calle donde vivimos —creo —, y cuando me doy cuenta, nuestras manos están entrelazadas y sinceramente, me encanta.