Memoria selectiva

1280 Words
—Sí, ésta es mi declaración final—aseguré. —Mi cliente hizo un enorme esfuerzo en recordar todo lo que ocurrió. Quiero creer que no necesitarán preguntarle más—presionaba Angus. —Pero en tu declaración, Loraine—arremete la investigadora pasando de Angus —.No nombras a Sophie, quien sobrevivió al ataque, también dices que Ethan no estaba en el salón lo cual no concuerda con sus declaraciones, ni tampoco hablas sobre Charles, tu compañero que si bien no era de tu grupo, sabemos por el resto de sobrevivientes que intentaba serlo. —No creí que fuera importante hablar sobre ello —expliqué —.Digo, Ethan miente, Jhay puede corroborar que fue el último en llegar. A Sophie no la vi pero jamás negué que estuviese. ¿Acaso tengo que declarar sobre cómo yo viví ése día o sobre todos mis compañeros? —Loraine, ya te hemos dicho, es clave que nos cuentes todo lo que sepas—insistió la mujer. Todo lo que sepas...Todo lo que sé es que Sophie era tan insípida e ignorada socialmente que ni siquiera hubiera sido un blanco buscado. Que Ethan es un petulante que busca llamar la atención y que miente en sus declaraciones y aún así no es el foco de atención porque no era amigo del tipo que ocasionó la balacera. Charles era compañero de Elijah desde mucho antes que nosotros, compartieron clases los primeros años. Probablemente lo conocía más que yo, pero luego pienso que quizás de haber estado le hubiera disparado también. —Mi cliente no dará mas declaraciones al respecto —espetó Angus —.Y tampoco estará obligada a corroborar con la reconstrucción de los hechos por como ha dicho, ella no puede saber más que aquello de lo que ha visto, y someterla a éste acoso por el solo hecho de que el asesino haya tenido una obsesión con ella es ridículo. —La fiscalía acepta no pedir más declaraciones a la Srta. Loraine Clark para no causarle un perjuicio grave a su salud y estigma, y por considerar suficiente la información aportada a la investigación —culminó el fiscal. Cierro los ojos y suspiro. Angus le agradece al fiscal mientras la investigadora lo mira con recelo, aparentemente, sin estar de acuerdo con la decisión. De salida, le agradezco a Angus y él se dirige a hablar con mis padres mientras yo me siento a esperar en una hilera de sillas de la estación. Me encontraba inmersa en mis recuerdos, más bien, viendo las imágenes una y otra vez cuando una voz conocida me habla. —Ojalá te hubiera matado a ti también—espetó aquella voz. Levanté la mirada y me encontré con Meryl, quien tenía enyesado dos brazos y se ladeaba con dificultad. —Sabes que yo no he tenido nada que ver ¿no? —le digo levantando una ceja. —Eso dices, pero tú eres la culpable de todo. Y ahí otra vez. —Siempre me has culpado porque te gustaría pensar que te dispararon por mí, pero lo cierto es que te dispararon porque también te odiaban, Meryl. —¿Lo defiendes? —replicó. —No lo defiendo. Me defiendo, que es diferente. ¿Hubieses querido que muera? Pues no lo hice. Y adivina quienes sí, nuestros amigos. Así que deja de culparme por esto porque ni tú ni yo tuvimos algo que ver. —Lo dice alguien a quien no le han disparado —arremetió asidua. —Meryl, si le hubieran dado un arma a cualquier persona de la clase, ¿realmente crees que tampoco te hubieran disparado? Meryl silenció, por primera vez en su vida y comenzó a andar rumbo a la sala de interrogación. Ambas nos habíamos herido lo suficiente. El odio genera más odio. Después del tiroteo, cuando pregunté sin cesar si pudieron salvar a alguien y en la lista de sobrevivientes se encontraba Meryl, no niego por dentro haber sentido un recelo por haber preferido que estuviera vivo alguno de mis amigos antes que ella. Incluso me parecía injusto e irracional que Ezekiel y Mattew hubieran recibido un solo disparo cada uno y que Meryl recibiera tres y siguiera con vida. En ocasiones la vida te demuestra que si debes sobrevivir a una tragedia, debes hacerlo. Pienso en lo afortunada que es y solo deseo que alguna vez sea buena persona. Pero luego lo pienso profundamente y me corrijo a mi misma ¿quién lo es? Todo el tiempo había pensado que Elijah era bueno, pero luego armó un tiroteo escolar. Cuando pienso profundamente me doy cuenta también que a veces uno ve lo que quiere ver. Como Ezekiel era bueno conmigo pensaba que él lo era, como Mattew era tierno conmigo pensaba que todos lo debían ver como yo. Pero lo cierto es que, cada persona recibe una parte de alguien y que es muy probable que no todos reciban la misma versión ni el mismo trato. Jhay era el primero en criticar a cada uno del grupo. Ezekiel ignoraba a Elijah y Mattew directamente pasaba de todos nosotros. La única que los unía era yo. Pero nunca quise verlo así, porque me gustaba pensar que todos éramos amigos. Llegados a casa, dando por culminado una serie de cosas desafortunadas, o más bien, ajetreo por una desgracia, que verdaderamente eran bastante normales en visto a lo ocurrido, pero Loraine tenía que volver a su vida normal. Mi vida ése día no se detuvo, y a partir de ahora debía aprovecharla al máximo dijeron mis padres. —Lo primero que podemos hacer es mudarnos, vender la casa e irnos de aquí —comentaba mi padre con las ideas dispersas. —¿Crees que ella esté preparada para un cambio tan abrupto? Quizás ella debería elegir. No podía escuchar la conversación con exactitud porque escucharla me era un suplicio. No me gustaba hablar del futuro, nunca me había gustado. Y ahora estaba muy sola en la vida, tanto que cada noche que iba a la cama, deseaba quedarme ahí para siempre. Lo que mis padres creían que debía ser un nuevo comienzo, era en realidad mi funeral. Yo no había muerto aquel martes, pero sentí que una parte de mí se fue. Y esa parte quizás nunca la recupere. Ése es el gran problema en depositar tu felicidad en cosas que rotan, cosas de las que no tienes control, un gran ejemplo; Las personas. No podemos ni debemos depositar nuestros destinos en ellas, porque rotan en nuestra vida y lo harán siempre, y eso no es bueno ni malo. Es como debe ser. Vienen, nos dejan algo de ellos, se van con algo de nosotros y comienza un nuevo círculo. Es triste si lo ves de una forma pesimista, pero es autosuficiente cuando aprendes a no tener que enfocar lo importante en aquello donde no puedas controlar. Porque entonces es tan solo ver como pagas el precio de tu felicidad, escurriéndose en tus dedos con los gajes de la vida. La felicidad está en los gestos, no en personas. La felicidad está en aquello que te conforma y te hace sentir menos miserable, y en ocasiones es solo una canción, está en el extasié para algunos de aventurarse a algo nuevo y luego tener algo de que reírse después. La felicidad es mutable. No es fija, ni mucho menos lo serán las personas. Es una combinación casi destinada al fracaso, y aunque lo sepamos, insistimos. —Tendremos que ir a pedir sus papeles al instituto para poder transferirla —dijo mi madre devolviéndome a la tierra. Mi padre asintió con la cabeza antes de que yo lanzara lo menos esperado. —Yo quiero ir—espeté.
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