POV ALESSIA Ezequiel aparece como si el rancho lo hubiera parido en ese instante. No grita mi nombre como fan desesperado, no hace espectáculo, no me agarra con desesperación. Lo que hace es peor, porque es real: se planta entre mí y la marea humana con el cuerpo completo, como si él fuera la valla que nadie va a cruzar. Su voz no es escándalo, es mando. Un mando que no pide permiso. “Atrás.” “Fuera.” “No se amontonen.” “Guarden distancia.” Y por primera vez desde que llegué aquí, siento lo que se siente tener a alguien que no me mira como producto, sino como responsabilidad. Yo no puedo moverme. Estoy congelada con el corazón en la garganta y los celulares brillándome en la cara como insectos. Hay gente diciendo mi nombre, otros diciendo “¡una foto!”, y una mujer que sigue repitiendo

